sábado

Y el mundo clavado al piso

("Luz por la ventana", fotografía de Brookei)





Despierto. Fumo un cigarrillo y comienza el día. Las luces empiezan a llenar la habitación y el café humea en la taza, solitaria sobre la mesa. Y el sol entra, despedido desde el cielo por un haz que atraviesa mis cortinas y se cuela en medio de ellas clavándose como una estaca transparente. Y el vapor, el humo, el tiempo no puede y no debe más que pasar a través de ese haz, de forma inexplicablemente translúcida, que corta el aire y el humo y el vapor y mis cortinas estrellándose en el suelo, sosteniendo el tiempo al suelo.
Despierto.
Termino el café y el cigarro. Y el haz desaparece. El mundo vuelve a correr; ya no está detenido por un haz dorado enterrado en el suelo de mi habitación.

jueves

Ex supra

("Alturas", fotografia de miradas)





Desde la altura
grito:

qué quieres de mí


qué quieres de estas manos




estas manos llenas de ti


inquietas al tocarte

al correr desbocadas

por cada pliegue


cada curva

cada centímetro




qué quieres de mí

qué quieres de mis labios

cuando cortan el aire

se plantan en los tuyos

se derriten sobre tu rostro

tu espalda y tu cuello?




qué quieres de mí


qué quieres de mis restos


que se agitan y bailan

con los tuyos


vibrando en un ritmo furioso?




Y en el silencio de lo alto

la mudez del viento

mensajero invisible

se lleva mis preguntas

en una onda sónica

atravesando el concreto

la gente, sus calles, las ropas, las miradas




mi voz, mis palabras


mi hambre

cae sobre ti


cubriéndote la piel
desde arriba

sábado

Paenumbra

("Seduction", cuadro de "beq")




En la oscuridad de una luz
que se niega a morir
la sombra de mis manos
se han convertido en tijeras
que te arrancan con cortes exactos
trozos y trozos en todas direcciones
del lienzo que te envuelve
la mortaja de tu vestido
de tu ropa que cede
que se deja vencer
deshecha entre mis manos
y que se rinde incondicional
ante el calor de un roce

un roce polar
que te llena como una ráfaga de hielo
tu espalda curva
cúpula del mundo
orilla de mi hambre

Y entre la luz y lo obscuro
te dibujan y te multiplican
carcomiendo el aire que nos separa
y el suspiro de las sombras
que nos visten

y la luz
que pinta un color vibrante y tembloroso
nuestra desnudez
fundida en un coro silencioso
un canto de voces mudas

una luz que nos convierte

en una gavilla de besos


en caricias que erosionan y cincelan nuestra piel
y también los montes y ríos

y la oscuridad
que se vuelve estallido de alas
que azotan el ecuador

de nuestros cuerpos

miércoles

No lo hagas




("Yéndose", cuadro de Marisa H. Caviedes)





No lo hagas
ni lo quieras hacer – dijo él.

Quédate – dijo ella.

Toma asiento
y cierra los ojos – dijo ella.

¿Vamos a comenzar? – dijo él.

Si. ¿No sientes miedo? – dijo ella.

No, miedo no – dijo él.

¿Sientes esto? – dijo ella
Acarícialo.

¿Qué se siente? – dijo él.

Llamas y brasas – dijo ella.

¿Y si tú no lo sientes? – dijo él.
¿Qué sientes?

Una caja vacía – dijo ella.
Una máquina.

¿Puedo ver? – dijo él.
Quiero saber.

No lo verás
ni lo sabrás – dijo ella.

No lo harás
ni lo querrás hacer – dijo ella.

martes

Madeja



("Enredos 2", fotografía de Daniel Canogar)






Si, sé que vivo pensando en estupideces. Permanentemente. Y que abro la boca y digo lo que no debo.

(…)

Sí, sí. Totalmente de acuerdo. Sé que me enrollo. ¿Y qué? ¿Y qué si me quiero enrollar y pensar en ella más de la cuenta, ah? Hueá mía no más.

(…)

¡Ya, si estoy tranquilo, oh! Déjame seguir, ¿quieres? A veces pienso en que quiero decirle cosas sin que me tiemblen las piernas; abrazarla y besarla sin que se me salga el corazón por la boca.

(…)

¡No te rías! ¡No es gracioso! ¡Claro, a ti no te pasa así, po’h…! Créeme: no es lo único que se me pasa por la cabeza.

(…)

No, no me tomes a mal. No seas mal pensado, ¿ok? A veces me la paso pensando en que quiero algo mucho mejor. O morirme en paz. Pero esto es lo que, para mí, es lo más idiota que he pensado ahora: que el amor no me siga haciendo esperar. Porque si hay algo que me desespera, loco, es esperar.

(…)

Si, si sé. Me estoy pasando demasiadas películas. Debería dejar de pensar más de la cuenta, ¿cierto?

(…)

Si, si. Tienes permiso de llamarlo como quieras. Pero, ¿sabes qué? Lo peor es que no sé qué mierda hacer para dejar de buscar alguna solución a no saber qué cresta es lo que quiero.

(…)

Si, si sé que no soy el único hueón al que le pasa y que es una hueá. ¿Sabís qué? Mejor sería que me dieran un tiro, hueón, en la cabeza y se acabó la hueá.

(…)

¡Es un decir, loco! No te preocupes tanto. Es que… no me quiero seguir sintiendo como que voy caminando a oscuras. Porque, siendo honesto, me da más miedo que la mierda.

(…)

¡Si, po’h, hueón! Me da miedo tener que sentir que estoy conectado a besos que no son, palabras que no se dicen, promesas que no se cumplen.

(…)

Si. ¿Sabís? Creo que tenís razón. Pero me gustaría saber dónde mierda están los cables, agarrarlos, desenchufarme y dejar de joder. Así me muero tranquilo; sin tener que vivir en la incertidumbre de si va a ser la muerte la que va a venir por mí, hueón, o si soy yo el imbécil que la llamó.

(…)

¡Ya, oh! Mejor pidamos la cuenta y vámonos de aquí antes de que me de la hueá.



***

viernes

Poema IX

("Mar en llamas", cuadro de Alejandro Cárdenas)






Arderá

el

mar

y

el

fuego

se

humedecerá

cuando

mi

mano

toque

el

punto

telúrico

de

tu

pasión

lunes

Poema VIII


("nu102", fotografía de Robert Farnham)
Soplaré

en

cada

gemido

un

aire

de

menta

y

hielo

cada

vez

que

bese

el

final

de

tus

pensamientos

Poema VII

("nu190", fotografía de Robert Farnham)
Dibujaré

en

tu

espalda

un

camino

para

derretir

agua

y

chocolate

para

beberlo

a

la

sombra

de

tus

piernas

Poema VI

("nu135", fotografía de Robert Farnham)




Voy

a

arar

en

tu

vientre

y

sobre

él

soltaré

el

sonido

del

estallido

de

mis

orgasmos

Poema V

Antes que todo... una cosa...



Ésta es mi nueva casa

(Pase a verme uno de estos días)





("nu154", fotografía de Robert Farnham)






Voy

a

sembrar

en

tus

pechos

y

a

cosechar

en

ellos

el

sabor

frambuesa

que

cae

sus

cimas

sábado

Poema IV

("nu50", fotografía de Robert Farnham)



Voy

a

forjar

al

calor

de

tu

sexo

un

cetro

y

una

corona


para

que

reines

en

Poema III

("nu155", fotografía de Robert Farnham)


Quiero

derretir

la

nieve

de

tus

blancos

pechos

y

hacer

de

ellos

un

océano

en

tu

ombligo

domingo

Poema II

("Figuras abrazadas", cuadro de Natividad Jiménez)


Sueño

con

hacerte

un

castillo

entre

tus

pechos

y

vivir

en

él

Poema I

("Enjoying the waves", fotografía de "Sus" Cruz)



Quiero

disfrutar

tu

cuerpo

hasta

morirme

entre

tus

piernas

lunes

Sangre Inocente

(Sin nombre, fotografía de Pablo Selman)


2




Mariana Espinoza Barros, de 18 años, alumna de primer año de Literatura, fue encontrada muerta en medio de unos pastizales de un sitio baldío en el norte de la ciudad, por un transeúnte, luego de haber permanecido dos meses desaparecida...


La televisión y los diarios festinaban como buitres luego de que el cuerpo de Mariana fue encontrado y se encargaran de darme un par de puñetazos por no haber evitado con el equipo policial aquella muerte.


Mucho se ha cuestionado la forma en que la investigación de la desaparición y posterior hallazgo de la joven desaparecida ha sido llevada a cabo por el Ministerio Público y, en especial, por el fiscal. Por su parte, el fiscal a cargo del caso, Fernando Aguirre, no declinó en hacer declaraciones pero sólo se limitó a señalar que "la fiscalía está haciendo todo lo posible y no descansará hasta encontrar a el o los responsables de aquel lamentable y macabro hecho". Se cree, mediante fuentes extraoficiales que la mujer había estado involucrada en la prostitución de alto nivel ...

"¿Qué se han creído estos periodistas de cuarta, hijos de puta, al pensar en tamaña estupidez?" -me decía cuando leí el diario la mañana siguiente del hallazgo-. ¿Acaso no comprendían que detrás de aquella mujer había también una familia? Ni nosotros, con todos los medios que manejábamos, sabíamos con certeza el qué había llevado a ese triste final a Mariana y estos periodistas de mierda y carroñeros de la prensa roja se las quieren dar de grandes investigadores. ¡Ja! ¡Hue'ónes no más! ¿Qué se creen?

Estaba tan indignado, que tuve que solicitar una audiencia con el juez del proceso: un magistrado que, a pesar de su juventud, era metódico y algo más frió que la generalidad de los jueces que yo conocía. Le solicité el secreto de la investigación basándome en lo que había visto en los diarios matutinos: periodistas especulando de la calidad de la investigación, del cuerpo técnico y exacerbando el morbo, denostando el nombre y honra de una muchacha y de su familia destruida por su muerte. El juez Reyes escuchó mi alegato y de pasada, puse la querella por protección de la honra que la misma familia presentaba en contra de los periódicos y los canales de televisión, junto con mi solicitud. Terminado mi discurso, el juez me miró y me dijo:

- Señor fiscal, las pruebas no son suficientes para poder dar a lugar a solicitud del secreto de la investigación del caso Espinoza...

- ¡Su señoría! Ellos denostan el nombre de una familia sufrida y traspasada por la muerte de una hija. Además, han comprometido su honra y la han mancillado, cosa que nuestra Constitución protege y garantiza.

- ¡No vuelva a interrumpirme, señor Aguirre o pediré una órden de remoción y lo acusaré de desacato! ¡Ahora, escúche! Como le dije, las pruebas no hacen suficiente argumento para decretar el secreto de la investigación. Sin embargo, los medios de comunicación a los que usted alude, han hecho tales declaraciones que, al punto que este tribunal, han vulnerado el derecho a la vida privada y a respetar la honra de la señorita Espinoza. Por lo tanto, decreto que no a lugar a la solicitud presentada por la fiscalía, puesto que no es suficiente la prueba rendida para acogerla, en virtud de lo señalado por los requisitos que el Código Procesal Penal exige para ello y que ello, en este caso, vulnera el artículo 19 nº12 sobre libertad de información. Sin embargo, se acoge la querella por injurias presentada...


Para mis adentros, sabía que me había apuntado una pequeña victoria contra los todopoderosos medios de comunicación y lo había vuelto un puñetazo en el rostro contra todos esos periodistas. Se decretó la notificación de la querella a todos ellos; a todos los que dijieron o escribieron que Mariana Espinoza era prostituta. Se lo merecían.

Ya eran las dos. Y en mi oficina, me esperabael informe forense completo y los análisis que Investigaciones hizo a través de LABOCRIM.

Ahora, tendría alguna señal.



(continuará)

jueves

Sangre Inocente

("La justicia y la paz", cuadro de Corrado Giaquinto)



1

Frente a mi escritorio tengo el caso más crudo que he podido tomar en toda mi carrera. Cada vez que lo miro y repaso sus hojas, se me viene a la cabeza todo aquello que nos llevó a mi, mi equipo y la policía a dar con todas las respuestas.
Respuestas que, en el fondo del corazón de aquella familia que derramó tantas lágrimas, no quisieron enfrentar. La verdad los aterraba. Y a mí me correspondió dárselas.
Fue muy duro tener que acercarme esa tarde a ellos, en los pasillos del cuartel policial, para contarles que la habíamos encontrado.
Pude ver, en un momento, cómo la esperanza brilló detrás de sus espaldas y me sentí miserable cuando continué diciéndoles que la habíamos encontrado. Si. Pero muerta.
Y fue ahí que el dolor se desató.

La impotencia. La rabia. La desesperación.
Sentimientos que para mí, en casos como estos, trataba de manejar con una frialdad profesional y de acero. Pero, no sé. esta vez, había algo especial. Sentí como las emociones de esos padres, que habían vivido tantos meses con la angustia clavada en el pecho y que les anudaba la garganta cada vez que los llamaba, me cubrían y de alguna forma, desarmaban mi investidura y me desnudaba de ella hasta volverme humano.
No. La dignidad de mi magistratura, sellada con los años de esfuerzo y de trabajo duro se rehusaba a bajar de ese pedestal construido por un rigor dado por profesores curtidos, faltos de una chispa -a lo menos ínfima- de aquella humanidad que a nuestra profesión de pronto le hace tanta falta. Mi condicionamiento era fuerte. Pero, me dije: "¡A la mierda con los convecionalismos!" y estreché la mano de un padre con el corazón destruido, luego de abrazar a una madre que, llena de tanto dolor, ya sólo podía llorar lágrimas de sangre. Sangre que ardía de rabia. Sangre que ya no corría por las venas azul violeta de aquella muchacha, que la noche del 27 de noviembre, en medio de una espesa cantidad de vegetación, en un sitio baldío, encontró un sujeto tan inocente como ella. Este es el caso de Mariana Espinoza.



(continuará)

lunes

Palabras derramadas

("Mujer escribiendo", cuadro de Gerard Ter Borch)




(Escrito a dúo con (des) afortunada)






Mientras el tabaco se quema entre mis dedos, te escribo esto. Seguramente nunca lo leerás. Ahora mismo, mi mente puede hablarte. Pero,la verdad es que, mientras el humo del cigarrillo se desvanece en el aire, mis ideas vuelan y mis pensamientos sólo tienen una dirección. Contarte que estoy aqui escribiendo entre dos mentes traficantes de sueños diversos, pero que se unen alrededor de un buen trago. No estoy sola. Estoy acompañada de hecho con mi otro yo, que es alguien que sólo me acompaña en el silencio de una bocanada de un pucho, de un trago de cerveza fría. Alguien que tiene un oído ámplio, una palabra precisa, un consejo a flor de labios dispuesto a ser disparado y que puede acompañarme a escribirte y traducir, en el fondo, que te extraño más que la cresta. Este personaje, tan solitario y tan lleno de mundo a la vez, me invita a trasladarme de mis recuerdos recientes a un presente, junto con el sonido de una música algo más bien pop a mis oídos, pero que me dice que siga; que olvide la estática. Mi brazo tirita hiperkinéticamente; desea que sea un lunes o cualquier día en que estés tú ahí.
Pero, siempre estás. Estás en la calle que recorro; en las sonrisas de las personas que me miran y me saludan sin decirme palabra alguna. Estás cuando nadie más está. Aún cuando te hayas convertido en ese ángel caído al fondo de un pozo profundo y oscuro. Pero vuelves a renacer en alguien desconocido. No puedo esperar a conocerte. ¿Acompáñame en este viaje? ¿Te tinca? Tenemos mucha vida y muerte para revivir. Los cuadros no miran esta vez.
Ya nadie nos juzga. Nadie nos apunta. Somos felices. Somos un nuevo ser. Y es hora de reencender los los viejos fuegos; de darle una nueva luz, un nuevo color que los vientos de la distancia y el tiempo se encargaron de enfriar. Si, es hora de caminar juntos de nuevo. Y el pucho sigue quemando, loco. Mira cómo el mundo sigue girando.

martes

Esos viejos colores

("Los Colores" - Fotografía de Juan Pablo Molina)



Para tí.




Desperté una mañana y lo entendí todo. Abrí mis ojos y me dí cuenta que el mundo ya no tenía los mismos colores que vestía antes de irme a dormir. Supe, con el primer aliento conciente de esa mañana, que ya no había marcha atrás y quemaba mis naves para volver a andar las huellas que habían quedado esparcidas. Al principio tuve miedo. Luego me pregunté: "¿Y de qué? Si ya sé todo lo que tengo que saber". Y estiré mi cuerpo, y sentía que se alargaba con cada centímetro que mis músculos hacían tensar a mi piel. Mi sangre se hacía menos espesa y más líquida y fluvial, como un río desbocado. Mis ojos ya no veían más al mundo con esos viejos colores que tenía antes de dormirme. No, ya nada sería igual. Nada volvería a su cauce y sentí que ya de nada servía el arrepentimiento ni el remordimiento de mi conciencia que durante tanto tiempo me machacaba los sesos. ¿Para qué el perdón si ya no había nada que perdonar? ¿Por qué sentir remordimiento si ya no sentía que había hecho mal? No, ni perdonar y ser demolido por la conciencia. No valía la pena. Y es más: no vale la pena ahora. Ahora solo me quedaba sumergirme en ese espacio y llenarlo. Hacer que ese abismo se volviera una montaña y desde ahí construirme una morada donde habite.

Si, es hora. Es hora de incendiar esa tela gris que me cubría los ojos y dejar que estos nuevos colores se apoderen de mis pupilas y me queden grabados a fuego vivo. Que se me metan bien dentro de la piel y que mi voz tenga tonos vivos de rojo bermellón, amarillo dorado, verde hoja, azul marino y violeta profunda. Que mis manos puedan pintar con gracia arcoiris de los más inverosímiles coloridos.

Recuerdó que desperté esa mañana y entendí que el mundo ya no tenía esos viejos colores ni tenía que seguir viviendo con la necesidad de la absolución de mis pecados; el ser roido por mi conciencia y por sobretodo, que ya no era el mismo y que de ahí en adelante, no podría retroceder más y tenía que saltar. Lo entendí porque desperté a tu lado, sabiendo que todo lo gris y oscuro que había, se disolvió y me llenó de nuevos colores: los colores de tu cuerpo.



jueves

Carta a mi padre

("Paternidad", serigrafía de Luis Germán Cajiga)


Para Omar.



¿Sabes? No había tenido tiempo de escribirte antes, pero la ocasión lo amerita. Mientras buscaba algo entre mis libros, dí con algo que pensé que se había perdido o que se había quedado olvidado entre las cosas del entretecho de nuestra primera casa.
Era un papel amarillento y algo ajado, pero estaba perfectamente doblado, con las orillas algo roídas y con ese inconfundible olor a antiguo. Ese aroma me evocaba recuerdos que la mente se encargó de dejar forjados en mí y me invitó a desdoblar aquel trozo de papel y pude reconocer en él una caligrafía grande y redonda, algo temblorosa y llena de pequeños borrones y manchas.
No pude evitar sonreír al darme cuenta de que era mi propia letra de niño estampada ahí. Una letra que maduró con el tiempo gracias a las aburridas horas de caligrafía que nos forzaban a hacer en el colegio. La leía una y otra vez y no paraba de recordarme la edad que tenía cuando la escribí, los juegos, el colegio, la casa y la energía y el cariño que había puesto en cada sube y baja del lápiz grafito y los lápices de colores -ya desteñidos hoy por el avance del tiempo-.
Recordé el momento en que te la dí. Era un domingo soleado y frío. Tratábamos con mi mamá de no levantar sospechas de lo que hacíamos en la cocina, aún cuando ya sabías. En mi inocencia, creí que sería una sorpresa. Pero, hoy pienso que si a mí me pasara exactamente lo mismo, tendría la misma expresión que tuviste cuando entramos en la habitación con el desayuno, mamá y yo, y ambos te decíamos "¡Feliz día, papá!".
Y mientras todos esos recuerdos fluían por mi cabeza, no pude evitar que las lágrimas me corrieran por el rostro y me sintiera con el corazón oprimido, clavado al pecho con un fierro candente.
Mi hijo me descubrió de pie frente a mi biblioteca llorando y se acercó preguntando qué me pasaba y por qué estaba llorando. Despacio, intentó rodearme con sus brazos y sólo logró abrazar una de mis piernas. Me decía que dejara de llorar porque él se ponía triste cuando a mí me veía llorar.
Al escucharlo, sentí como se me partía el alma y me hizo pensar en que yo jamás te vi a ti emocionado y al borde de las lágrimas por algo. Siempre fuiste un bloque de piedra frío por dentro y nunca aceptaste la ayuda que pudimos entregarte mi mamá, mis hermanos y yo. Quisiste ser duro y tu dureza te resquebrajó.
Y te odié. Te sentí tan lejano en mi vida y en cada paso que dí hasta llegar aquí. Te sentí tan impasible y tan falso como tu sorpresa de aquella mañana de domingo cuando leías el papel que te entregaba: "Te amo, papá. Feliz día. Te quiere, tu hijo".
Abracé a mi hijo y le dije que desde ahora, sería mejor padre de lo que tú fuiste para mí y que entre él y yo no existiría más brecha que nuestras edades.
Felicidades, papá: me has enseñado, después de tantos años, a ser mejor padre de lo que jamás tú pudiste ser. Qué pena que tenga que ser ahora que tú ya no estás aquí para verlo.


martes

Poesía Grafica (versión Beta)



No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.
(Goethe)


Esto es un trabajo que me ha llevado mucho tiempo
en tenerlo listo y poder mostrarlo.

Espero lo disfruten.