lunes

Deseos Frustrados

("La cama", cuadro de Henrí Touluse-Lautrec)

Tengo la mirada puesta en el techo y la mente en las ganas de tirarme encima de ella. Oírla roncar a mi lado no es lo más sexy que puede haber en una chica –al menos como ella-. Aún así, pensar en una maquinación para tan sólo acariciarla, me intranquiliza y no me deja dormir.

Cierro los ojos.

Todo está negro y sigo conciente. La oigo moverse; siento su aroma, mi corazón latir urgido y a mis pensamientos armar una lujuriosa escena de sexo desenfrenado en su cama.

Todo mal.

Doy vueltas y vueltas en la cama. Intento por los medios más estúpidos tratar de tener algún miserable contacto físico con ella. No logro que el sueño o las ganas de tirármela puedan conciliarse.

Al parecer son enemigos declarados.

Me levanto y voy a la cocina.

Busco el interruptor y trato de apuntarle al switch correcto. Lo logro.

Busco un vaso y me sirvo algo de agua de la llave del lavaplatos. Odio esa agua. Su sabor calcáreo y su extrema insipidez y mineralización me cargan. Pero, qué lo voy a hacer. Es lo que hay no más.

Bebo con ansias hasta la última gota del vaso y voy por mis cigarrillos, apagando después la luz para sumirme en la oscuridad (de mis pensamientos).

Enciendo uno y aspiro (casi) como si estuviera frente al pelotón de fusilamiento. Mi mente me tortura: por una parte sabe que lo que pienso está mal (¡Maldita culpa! ¡Maldito Pepe Grillo!) Y por otra, maquina la forma de hacerla mía, poseer su cuerpo y tirármela.

Me devano la maceta tratando de que una buena vez de pensar que la conciencia no existe; que los deseos pueden cumplirse; que no la cague en hacer algo que (¿no debo?) no planeé con anticipación.

Entre todos esos pensamientos, mi cigarro se va consumiendo hasta que queda enterrado entre otras colillas, papeles, maníes que se cayeron al suelo y un chicle pegado a una boleta.

Vuelvo a tomar agua y a la cama.

Me tapo hasta las orejas y –mira si seré- rezo. Rezo. ¡Ja! ¡Qué imbécil! Debería rezar para dejar de pensar que una oración va a hacer que mi erección se baje. ¡No puedo ser más imbécil!

Tengo los ojos abiertos y la mirada perdida en la pared.

No duermo ni estoy despierto.

Estoy en el limbo entre un mal sueño y mis -¿malditos?- deseos sexuales.

Quiero que el amanecer me pille despierto para poder rápidamente largarme y desaparecer de esa casa; esa cama; ese sueño; ese momento; ese día.

Quiero que me traiga el sueño el alba.

Por sobre todo, quiero dejar de pensar en estupideces.

Rezar para dejar de calentarme. Aún me río de eso.




Aproveche y lea también el Diálogo nº23

martes

Chispa V: Remedio para la amargura





La amargura del corazón
-me contaba una bruja
que no tiene edad alguna-
se quita con una taza
del te más negro
y con dos cucharadas
de la miel que solo un beso
es capaz de dar

viernes

Házlo


("Desnudos ", Oleo/Lienzo de Amparo Cruz Herrera)



Mira mis ojos
nada en ellos sin miedo
son profundos pero no peligrosos
un mar de castaños

míralos bien

Respira mi aire
inhala con tranquilidad
tiene olor a tierra húmeda
y a frescura de menta

respira tranquila

Besa mi boca
pruébala con paciencia
hay rastros de versos tuyos
huellas de mis pensamientos

bésala en silencio

Toma mis manos
afírmalas con ternura
son ásperas, pero cálidas y enormes
manos de Jesús

estréchalas tiernamente

Toca mi piel
palpa con confianza
se eriza con tus dedos
y corre agua fría por mi espalda

acaríciame

Házlo

Sin miedo
que yo no tengo

Chispa IV: Cascada



Amame con la fuerza de la cascada
y yo te amaré como el mar
en que va a morir el río
que da fuerza a tu cascada

martes

Para cuando te vas


("Irse", cuadro de Flavia Rondina)



Ojalá nunca vuelvas.

Espero siempre recuerdes.

Deseo que nunca pierdas eso

Piensa siempre en mí

Así el daño de haber venido,
de no haber olvidado,
de no haber tenido aquello

te haga nunca pensar que yo
siempre pienso en ti.

Porque no quiero que sea así.