jueves

Sabiduría




Sé, por las estrellas del cielo,
que su luz no es tal.

Sé, por el color del sol,
que su fuerza no es esa.

Sé, por la vida del hombre,
que vida no es vida sin amor.

Por eso sé que, por la ciencia,
que el amor no es
una simple cuestión de hormonas

y tampoco que el amor sea una competencia
porque justo ahí
nadie le gana a nadie.

Si algo he de saber
en este momento
es esto:

sé que tú me amas;
sé que tú eres mi mujer;
sé que tienes un corazón
y sé que tú besas.
Lo que ahora no sé
-y juro no saberlo-
es lo siguiente:

si tú me amas;
si serás mi mujer;
si ese corazón es mío
y si quisiste besarme.

Me enorgullezco
de no ser sabio.

De serlo
serías mi mujer,
mi amor;
sería mío tu beso
y mío tu corazón

miércoles

Ideas mías


("Sueño del Bosque", cuadro de Lucia Palacios)


Caminaba por la universidad y alguien me habló. Vuelvo la cabeza y no hay nadie.
Ideas mías.
Sigo caminando y alguien vuelve a llamarme. No pesco; pero el sonido de mi nombre se hace cada vez más fuerte en intensidad.
Giro mi cabeza hacia todos lados y veo en lo lejos, una silueta.
"¿Quién es?", me pregunto.
Pienso que la pregunta estaba demás. Lo sabía. Me llamaba. Quería ir, pero me resistía. Le tengo tanto odio que, por mí, dos balazos serían pocos.
Ella está allí, al otro lado del camino.
La miro y la veo lejana.
Ella me mira y mis ojos arden de rabia.
La vida empieza a caminar por en medio de nosotros; y nosotros también. El tiempo se echa a andar.
La dejo.
No me importa.
La quise, pero el recuerdo de sus palabras dejó una herida dificil de cerrar.
Miré hacia atrás y la ví caminando cerca de mí. No me acerco; sólo camino.
El futuro me esperaba con los brazos abiertos.
La dejo.
A ella la abandono. En cierta forma no quiero ni me gusta hacerlo.
Me veo al espejo. No soy yo.

(...)

Son las seis treinta de la mañana y tengo que irme a duchar. No tengo ánimos de levantarme. Se que ella estará por allí y yo, No quiero mirarla ni hablarle otra vez.
Vuelvo a dormir.

jueves

Luz roja, luz verde




(original de 2004)

Cuando caminaba por la calle, sentía que lo que había hecho no era propiamente lo que tenía propuesto hacer. Fue por un error de cálculo. Tal vez no debí oprimir el botón en el momento de hacerlo. Pero lo hice.
Luz roja.
Aprovecho para mirar atrás y ver cómo esa avenida se me hacía un molesto suceso.
Busco con avidez mi encendedor para prender mi cigarro presto a ser incinerado. Aspiro la primera bocanada y su voz me entra junto con el tóxico humo:

- ¡Yo te juro que no lo hice!
- ¿Por qué me mentiste?
- ¡Yo no te mentí! ¡Yo te quiero!
- ¡Basta! Eres una mentirosa...

Luz verde.
Cruzo la calle y la imagen de la voz rondando mi ya malogrado cerebro me turba. Camino intranquilo, sintiendo que no voy a ningun lugar. El cigarro no resiste los embates de mi ansiedad y, lentamente, no queda más gente. Sólo el dolor abrumante de todo el suceso.