martes

Esos viejos colores

("Los Colores" - Fotografía de Juan Pablo Molina)



Para tí.




Desperté una mañana y lo entendí todo. Abrí mis ojos y me dí cuenta que el mundo ya no tenía los mismos colores que vestía antes de irme a dormir. Supe, con el primer aliento conciente de esa mañana, que ya no había marcha atrás y quemaba mis naves para volver a andar las huellas que habían quedado esparcidas. Al principio tuve miedo. Luego me pregunté: "¿Y de qué? Si ya sé todo lo que tengo que saber". Y estiré mi cuerpo, y sentía que se alargaba con cada centímetro que mis músculos hacían tensar a mi piel. Mi sangre se hacía menos espesa y más líquida y fluvial, como un río desbocado. Mis ojos ya no veían más al mundo con esos viejos colores que tenía antes de dormirme. No, ya nada sería igual. Nada volvería a su cauce y sentí que ya de nada servía el arrepentimiento ni el remordimiento de mi conciencia que durante tanto tiempo me machacaba los sesos. ¿Para qué el perdón si ya no había nada que perdonar? ¿Por qué sentir remordimiento si ya no sentía que había hecho mal? No, ni perdonar y ser demolido por la conciencia. No valía la pena. Y es más: no vale la pena ahora. Ahora solo me quedaba sumergirme en ese espacio y llenarlo. Hacer que ese abismo se volviera una montaña y desde ahí construirme una morada donde habite.

Si, es hora. Es hora de incendiar esa tela gris que me cubría los ojos y dejar que estos nuevos colores se apoderen de mis pupilas y me queden grabados a fuego vivo. Que se me metan bien dentro de la piel y que mi voz tenga tonos vivos de rojo bermellón, amarillo dorado, verde hoja, azul marino y violeta profunda. Que mis manos puedan pintar con gracia arcoiris de los más inverosímiles coloridos.

Recuerdó que desperté esa mañana y entendí que el mundo ya no tenía esos viejos colores ni tenía que seguir viviendo con la necesidad de la absolución de mis pecados; el ser roido por mi conciencia y por sobretodo, que ya no era el mismo y que de ahí en adelante, no podría retroceder más y tenía que saltar. Lo entendí porque desperté a tu lado, sabiendo que todo lo gris y oscuro que había, se disolvió y me llenó de nuevos colores: los colores de tu cuerpo.



3 comentarios:

ibuki_ dijo...

eesto me recuerda a lo que comentaste a mi entrada 'goodtimes', refiriendose a las cosas que hay que ver ahora... es verdad, ya no se siente realmente el hecho de lo que uno podría arrepentirse o querer ser perdonado, ya fue, pasó...

es rico que alguien te entregue una pincelada que no sentías antes :)

Noctunia dijo...

como dijo ibuki en su comentario arriba ... hay cosas que pasaron y simplemete se fueron , desaparecen , con la sola presencia de colores que nos proporciona una persona. no queda cabida a errores. si no que a una nueva oprtunidad de disfrutar tonos nuevos ... un beso .. chao

paloma dijo...

hablas como si estubiese enamorandote del amor los colores son nuevas vivencias ...un abrazo