martes

Canción protesta



Las piedras nos gritan
los adoquines lloran
silban cuando van volando
golpean los fósiles detrás de la piel

[las esquinas no existen]

lastiman
con sus bofetadas sólidas

las piedras se han hecho violentas
reclaman su naturaleza salvaje
al impulsarse en el vacío.

Los palos marchan
y los papeles nos escriben,
taladran las murallas pintadas
vuelan rotando sobre nuestras cabezas

el origami parlanchín
el helicóptero aullando
muestra sus ropas entintadas de sangre
te escupen sus comas, tildes y acentos
te gritan a los ojos
y te cincela la nuca.

La lanza del palo
la lanza sin punta

[los hijos de las casas de los campamentos]

el estandarte del pobre
de los desarmados
disparan sus astillas
y les dan cabezazos
apretándose los nudos
haciendo más corto
el vacío entre la madera y la vena.

Y las consignas flotan
avanzan con el gentío
la marea sónica

los timbres son un sólo viento

te lame la [lengua] oreja
[pero no te mancha]

se mete debajo de las faldas
abre tus cortinas.

El grito es un ladrillo invisible.

lunes

Domus Aurea

Entre el circulo me poso y me encierro entre sus cuerpos tallados y desnudos. Ahí, en ese domus aurea que me rodea, en el altar de columnas de piernas y torsos pujantes, las fuentes cárnicas pujan, curvan sus espaldas, presionan sus pelvis y se dejan derretir. Tiemblo. Las piernas se sienten de lana; la boca vibra y mis labios se aprietan. Tienen miedo.

Ya no quiero tu pan. Ya no sólo de la leche me quiero nutrir. Denme el bautizo hereje, esa agua que miran con desecho. Aspérjenme con sus manantiales profundos y viscerales. Porque ya no me basta con que estén dentro de mí. No me basta que sus manos me rocen. No, no es suficiente. No satisface que me sientas por dentro, ni los embates, el jadeo, los besos hinchados. No, no es suficiente. Ni que te grite que me calienta que me digan así. No, no es suficiente. No. Necesito humedecer mis labios con el precipitado de sus entrañas, beberlo, disfrutar el sabor acre, las líneas fluídas, la entrega desesperada de las vísceras

La congregación carniforme se disuelve y se pierde en las sombras y quedo allí, calado hasta la médula del raso aúrico y esteril de la micción, empapado, saciado, lleno el apetito del caldo de la ampolla intestinal.