sábado

Marea

("Mar bravo", óleo de María Ángeles Cerdeño)






Al calor de las sábanas
dentro de tu boca brillante,
fuera del mundo que me vive,
hacemos juntos un daño ambiental

Creamos nuevas formas de sentir.

Deseamos el gozo y el éxtasis.

Estallamos en fuegos violentos y furiosos,
devorándonos parte a parte,
recorriendo con mi lengua
lugares y pliegues de tu cuerpo
que vibra con cada descarga

Tus ojos cerrados experimentan
las sensaciones de la marea
que avanza rauda por tu playa.

Esa misma marea que recibe a mi cuerpo
desfalleciente en tu orilla
inconsciente de tanto luchar
ganado por el deseo de tenerte,
de sujetar tu piel brillante
cubierto de perlas y de temblores.

Que con cada oleaje de la marea
va llevando a que rompa la ola
y se descargue sobre nuestros cuerpos.

La dama del salón



("Couture", reproducción-poster de Ashley David)





De entre todas, eras única.
Lo demás sólo era un mísero adorno. El centro de la gala eras tú.
Te paseabas con gracia por el salón, donde el frac y los vestidos de fiesta darían muestras de una chapa de banalidad y de pusilanimidad.
Y tú, apenas si tocabas eso.
Estabas tan fuera de ello y tan profundamente arraigada al caracter formal y señorial del ambiente, que era dificil convencerse de que tu vestido no te haría una imagen corporativa de esa rancia alcurnia allí reunida, bajo unas lámparas de lágrimas de vidrio y salones llenos de cócteles y comidas que jamás alguien como yo probaría.
Te amé al verte.
Y te quise como la mujer y madre de mis descendientes.
Y por el salón te busqué para regalarte lo poco que yo podría ofrecerte y que no era capaz de compararse con lo que cualquiera de los asistentes te podría ofrecer.
A la primera oportunidad, me acerqué y quise decirte mi secreto: que te amaba.
Pero, mala suerte la mía: derramé la bandeja del fino champagne en tu vestido.
Y tus ojos en furia y mi secreto atragantado mataron mi anhelo de decírtelo.