viernes

Odios fríos




Sólo el frío me despierta. Enciendo un cigarrillo con el último fósforo. Me limito a pensar en que mañana tengo que hacer. Pero, en frío me lo impide. Doy una aspirada al cilindro de tabaco y exhalo lentamente el humo. Se dispersa, forma figuras retorcidas y yo, sólo tengo frío.
No sólo tengo frío el cuerpo. Este frío se mete más profundo que de costumbre. Es una helada que recorre mi sangre y las conexiones de mi cerebro. Esas palabras me entumen el cráneo: “Te usé…”
Sigo fumando. Miro por la ventana y nadie camina por la vereda, sólo autos que van en direcciones que yo no conozco y a destinos que me son ocultos. Vuelvo a fumar.
Miro al cielo y veo que las nubes van poblando el cielo iluminado por la luna y desierto de estrellas. Imagino que su luz se irá posando sobre ella como el resentimiento que me carcome por dentro. Aspiro con ansias el cigarrillo que está en mis manos.
Bajo la cortina.
Se acabó el juego.
El cigarrillo también.
Es cierto que mañana es otro día.
Pero hoy es otra noche fría. Y no dejo de odiarla.
No me explico el odio, si yo te quise.
Buenas noches, mi buen enemigo.

martes

Mar de cemento




Recorro el mar de cemento hacia ti
Y he venido hoy a adorarte

A postrarme a tus pies
pidiendo paz.
Paz para el alma cansada y sin voz.

Te ofrezco:

La larga espera de hoy
los pasos que mi cuerpo ha recorrido,
mis manos para crear nuevas obras,
mis ojos para verte a ti misma,
mi cuerpo para que sientas lo que deseas.

Excavo en lo profundo
y del monte vacío
extraigo sólo fuentes de agua

Agua para apagar la sed;
esa sed rabiosa de tu cuerpo

Salgo a la luz
y me quema la piel.

Ni tu sombra apaga mi calor.

Tus palabras alientan el incendio en mí,
tu espera me lleva al siquiátrico,
me envía al exilio del destierro
a morir de hambre
y de sed bajo tierra

La tierra arenosa me sepulta.
El mar de cemento
me acoge en su lecho.

Muero sin haber saciado nuestra sed.

Tu sed incontrolable.

Mi sed insaciable.

viernes

Invasión




¿Quieres que te diga algo?

Bueno,
aquí te lo digo:
eres una invasora.

Si,
tal cual.

Una intrusa.

¿Quién te dijo que podías entrar a este lugar?

No te he dado permiso
para que me digas algo.

Cállate y escúchame.

Todavía tengo mucho que decirte,
y todavía no he empezado.

Estás aquí,
y pareces extraña,
perdida,
sola,
abandonada.
confundida en ti misma.

Te atreviste a ver
la profundidad de mi ser
y no me di cuenta.

Me has visto como luz
a tu negra tiniebla.
Y lo único que has hecho
es arrastrarme a ella
y hacerme sentir extraviado.

No me quiero perder
en pensamientos vanos,
ni en reflexiones
sobre lo que debo hacer.
No quiero tener un motivo
para demostrarme
que esto es una locura.

Me has vuelto loco.

Yo no te permití entrar.

No quise sentir esto
que me arde por dentro,
y que me vale madre
si llego a decírtelo.

Llegaste justo cuando mi cuerpo
no esperaba eso que,
si quieres,
puedes llamarle amor.
Eso es lo que no te permito.

Porque no te esperé.

¿Qué hago con todo lo que me haces sentir?

Yo no sé si te amo.

Pero sé que no te odio.

No sé si quiero que te alejes.

Sólo sé que me invades.